Hay viajes de aventura únicos que te marcan para siempre, y si no, que se lo digan a Dorothy, la protagonista de El Mago de Oz.
¿Quién iba a decirle a la muchacha que viviría tantas experiencias locas, antes de volver a casa, justo después de chocar sus zapatos rojos tres veces?
Dorothy estaba deseando volver a Kansas, a esa vida tranquila que, según parece, llevan las niñas de allí (aunque, sinceramente, no tengo ni idea de qué hace una niña en Kansas).
Pero lo que no sabía es que, después de vivir un viaje como ese, su casa no volvería a ser la misma, porque ella había dejado de ser la misma.
El Mito de la Caverna de Platón tiene mucho que ver con los viajes con significado, sobre todo con aquellos que te rompen la cabeza (los cursis los dirían turismo regenerativo) y cómo estas experiencias nos transforman a nivel personal.
Verás, Platón cuenta la historia de unos prisioneros encadenados en una cueva, que solamente pueden ver sombras proyectadas en la pared. Para ellos, esas sombras eran toda la realidad, porque nunca habían visto otra cosa.
Hasta que un día, uno de ellos logra escapar y salir al mundo exterior, y se da cuenta de que lo que había estado viviendo dentro de la cueva era una realidad limitada y distorsionada.
Al salir y enfrentarse a la luz, aunque al principio le resulta doloroso y confuso, empieza a ver el mundo real con claridad. La caverna representaba su percepción limitada, y al salir de ella, el prisionero descubre una realidad más rica y completa.
Este proceso de salir de la caverna y descubrir una nueva realidad es una metáfora perfecta para hablar de los viajes de aventura únicos (que te rompen la cabeza).
Como el prisionero de Platón, los viajes nos empujan a dejar atrás nuestras comodidades y percepciones habituales para enfrentarnos a lo desconocido. Al hacerlo, abrimos los ojos a nuevas culturas, formas de vida y experiencias que marcan, desafiando nuestra manera de ver el mundo, y al final del viaje… ya no somos los mismos, claro.
Dorothy es como ese prisionero que se escapa de la caverna. Vivía en Kansas, lo único que conocía, donde su vida era siempre igual (insisto, ni idea de cómo es vivir en Kansas). Pero entonces, llega ese tornado y se la lleva a Oz, un lugar lleno de colores y personajes raros (muy raros).
Y después de pegarse ese viajazo, es imposible que la niña vea su casa, su vida y a ella misma, de la misma manera.
Imposible.
Salir de la caverna (o Kansas) no es fácil. Nos obliga a enfrentar situaciones retadoras, y eso, a veces, puede descolocarnos.
Una aventura extrema, exploración de culturas muy distintas o vivir nuevas experiencias que marcan, impactan y que cuestionan lo que damos por hecho, nos mueve por dentro y cambia nuestra manera de ver el mundo (y a nosotros mismos) desde una nueva perspectiva.
Estos viajes no solo amplían nuestra forma de ver las cosas, sino que también fortalecen nuestra resiliencia emocional al enfrentarnos a lo desconocido. Nos enseñan a gestionar mejor el estrés y a ser más flexibles en nuestras decisiones.
Además, aumentan nuestra capacidad de conexión con el entorno y crear nuevas conexiones mentales, al estar expuestos a destinos poco explorados y experiencias tan desafiantes.
Todo son ventajas (menos los dolores de barriga y los mosquitos, eso no).
Como vimos, Dorothy no hizo su viaje sola. Se rodeó del Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y el León Cobarde, y juntos superaron situaciones que jamás habrían superado por separado (y menos el León Cobarde).
Los viajes compartidos son un poco así: compartes momentos muy chulos y complicados en ocasiones, con el apoyo de otros como tú.
Viajar acompañado no solo mejora tu capacidad de crear lazos profundos, sino que también mejora la empatía y tu habilidad para trabajar en equipo.
Para muchos, la frustración de no poder compartir su pasión por los viajes, desaparece al encontrar personas que, como ellos, ven viajar como una oportunidad de vivir el presente y crecer personalmente.
Los viajes que nos confrontan con todas esas realidades distintas, nos ayudan a ver el mundo con otros ojos (dejando de ver únicamente sombras).
No es necesario lanzarse desde un acantilado; basta con caminar por las calles de un pueblo perdido y conversar con una anciana que te cuenta la emocionante historia de su vida.
Estas vivencias se convierten en experiencias irrepetibles y fomentan una inmersión cultural, que contrasta con la realidad de tu propio mundo y te enriquece.
Estos momentos tienen algo en común: nos cambian. Y la ciencia lo confirma. Tal y como puedes leer en este estudio, los viajes aumentan la apertura a nuevas experiencias, fomentan la autorreflexión y nos enseñan a ver la vida desde otras perspectivas.
O dicho de otra manera más directa y resumida, viajar y exponerte a situaciones nuevas y exigentes, te rompe la cabeza, te hace cuestionarte lo que creías que era el mundo y te ayuda a comprender lo pequeños y equivocados que estamos.
El mundo es muy distinto de lo que pensamos.
Y nosotros, muy diferentes de lo que nos hemos contado y nos han contado toda la vida.
Hablando de retos, imagínate subirte a un tren en marcha en pleno desierto de Mauritania, encima de montones de carbón. 20 horas de trayecto, al aire libre, cruzando el desierto sobre el Tren del Hierro, un bicharraco de acero que atraviesa uno de los lugares más inhóspitos del planeta.
Durante el día, el calor te golpea, y por la noche el frío cala hasta los huesos. No hay lujos, solo tú y el desierto.
Esta experiencia te lleva al límite físico y mental, pero cuando llegas al final, te das cuenta de que el viaje no fue solo cruzar el desierto, sino descubrir lo que eres capaz de hacer y soportar.
Estas aventuras fuera del turismo masivo, típico y que ni fu ni fa, son las que realmente te desafían y te hacen aprovechar cada momento, viviendo con el auténtico espíritu del carpe diem en los viajes (como dirían los cursis otra vez).
Por cierto, Mauritania en el Tren del Hierro es una de nuestras propuestas de rutas fuera de lo común. Tenemos muchas más que puedes consultar aquí.
Atrévete a vivir viajes de aventura únicos y auténticos que te muestren otro mundo y cuestionen tus creencias.
Porque, créeme, cuando vuelvas, ya no serás la misma persona.
Serás otra mucho más grande (en todos los sentidos que puedas imaginar) y da igual si lo haces en solitario como si es con un grupo de amigos o gente que no conoces de nada.
Si te animas a esta última opción, puedes ver aquí aventuras que te transformarán para siempre.
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